miércoles, 27 de octubre de 2010

Sinfonía

  Aún cuando quiero recordar el momento exacto en el que te hablé, no lo puedo hacer, siento un poco de remordimiento al no poder traer a mi mente ese primer momento. Me resulta extraño porque ahora que estás delante de mi a unos pasos, intento forzar mi memoria y eso ha hecho que me retrase otros algunos pasos. Lo que sí puedo recordar es que a pesar de lo poco que dijimos dentro de esas cuatro paredes, fue mucho lo que pude deducir, tanto por tu forma de hablar como por las gesticulaciones tan diversas que hacías. Era gracioso escucharte hablar con tanto ánimo sobre cosas tan pequeñas como el plan académico de cada una de nuestras casas de estudio. En ese momento hiciste algo que me obligó a invocar esa muralla que no había usado en algún tiempo, sonreíste. En ese mismo momento opté por el silencio. Al siguiente momento hiciste algo que me obligó a reforzar esa muralla instantánea, volviste a sonreír.

  Los meses pasaron y mi silencio se hizo palpable (al menos eso me confesaste ese sábado), era parte de mi plan maestro para no correr ningún riesgo, para lograr mantener el centro de mi pequeño mundo.

  Sin embargo (siempre hay un pero o en este caso un sin embargo) las cosas no resultaron como esperaba, creo que los meses y las situaciones tan diversas, así como los caminos tan diferentes que recorrimos nos dejaron algo bien claro, las cosas no salen como uno espera. Y con todo eso fue que de pronto tuvimos ese otro momento en el que conversar fue tan fluido como si lo hubiésemos venido haciendo en todos estos meses de silencio, tan tranquilo, tan repentino, tan espontáneo, tan loco (no te sientas aludida).

  Ahora caminas unos pasos delante de mi y volteas a preguntarme si sucede algo.

  Entonces veo lo que sucede, llevas una pequeña espina, no la ves, la sientes y la tocas intentando forzar la salida, no te das cuenta que mientras más la toques más se hunde en tu pecho, no te das cuenta que a pesar que sonríes llevas una lágrima en tu rostro. Esa espina saldrá sola, tu sonrisa volverá a estar limpia y esa lágrima solo será un recuerdo, solo dale tiempo. Mientras tanto solo camina, caminemos, quien sabe a lo mejor algo emocionante nos espere al cruzar la puerta norte. Mientras tanto te seguiré diciendo que llevas en tu sonrisa un poder muy grande, que llevas en tus manos un río de agua clara y en tu mirada una Luz tan intensa que me obligas a apartar mis ojos de los tuyos. Mientras tanto seguiré intentando explicarte el misterio que envuelven las notas tan diversas de tu ser, mientras tanto seguiré intentando entender el secreto del sonido de tu risa, mientras tanto seguiré solo caminando, solo caminando.

  Así entonces, cuando esa espina abandone tu pecho las calles que aún sufren la ausencia de la plenitud de tu alegría volverán a danzar con tu andar, los pequeños detalles de aquellas palabras sin decir se volverán tan claros como el cristal y la Luz de tu mirada espantará las sombras.

  Aún esperas la respuesta a tu pregunta sobre si sucede algo.

  Entonces con toda la esperanza y fe que tengo en tu ser, en esa partitura tan diversa y enrevesada, llena de notas extrañas y maravillosas, con toda la esperanza y fe que tengo en tu sinfonía solo puedo atinar a responder con un abrazo temeroso:

-No, no pasa nada, vas a estar bien, vas a ver.

  Das media vuelta y sigues hablándome sin reparar en que en esos pocos segundos, en esos algunos pasos que llevo de retraso me he dado cuenta que eres tan desesperante como dulce y que solo espero que puedas darte cuenta que ya no hay murallas y pronto logres devolverme esa sonrisa que me regalaste sin yo pedírtelo para que la orquesta de tu corazón ofrezca su más pura melodía.

  Vas a estar bien, vas a ver.

sábado, 2 de octubre de 2010

Amén

De pie, cansado y lleno de heridas estaba temblando. Sus piernas apenas lo podían sostener, su respiración rápida también se estaba volviendo pesada pero no podía saber si era a causa de la herida abierta en su pecho o en su espalda, el dolor era espantoso, todo su cuerpo era una masa de dolor que lo recorría entero pero por pulsos. Así, con la poca vida que restaba en su ser dio un paso hacia adelante. Así, con la poca esperanza de una vida futura abrió los ojos tanto como pudo, como queriendo llenar todo su cuerpo de luz. Dio un paso y luego otro.
La tierra bajo sus pies parecía temblar, a cada paso sentía que se le iba la vida con cada gota de sangre que dejaba en cada pisada, no había manera de saber cuanto más podría seguir avanzando. Así, sin tener certeza alguna solo hizo lo que mejor sabía hacer, seguir hacia adelante. El número de batallas ya no era algo que podía recordar, los golpes recibidos y las heridas profundas que llevaba consigo solo se igualaba en cantidad al número de cicatrices que adornaban su cuerpo entero. Nunca había retrocedido, nunca dudó de que saldría vivo y ahora sin embargo se sentía morir como nunca antes.
Cayó sobre sus rodillas e intentó ponerse de pie, se apoyó en la espada que aún empuñaba en su mano izquierda, se dio cuenta que nunca la soltó, aún cuando todo parecía perdido su puño no se dio por vencido y siguió agitando el acero sin miedo. Tomó un momento para reunir fuerzas y respiró de manera profunda y prolongada, quería llenar sus pulmones de aire para contar con la fuerza suficiente que levantar su estropeado cuerpo demandaría. Aún sangrando logró incorporarse y el dolor desapareció, sabía que esto no podía ser una buena señal, su cuerpo ahora se estaba encargando de llevarlo más allá del límite pero ¿cuánto tiempo más podría soportar?, ¿cuánto tiempo más quedaba hasta perder la conciencia?. Sin saberlo siguió avanzando y el aire fresco de la tarde lo acarició suavemente. Entonces el aire se volvió dulce, la tierra bajo sus pies dejó de temblar y sonrió.
"¿Cuánto tiempo me queda?...no lo se, he sobrevivido pero no se por cuanto más podré seguir con vida, no quiero cerrar los ojos y sentir que aún no he cumplido, necesito seguir...¡Sigue...Vamos!...piensa ligero, camina con fuerza, aprieta los dientes y ¡Vamos!".

Llegó a un pequeño arroyo, bebió toda el agua que pudo y le supo tan dulce que lloró de la emoción, se dejó caer y el agua fue lavando la sangre ya endurecida que cubría su cuerpo. Se sentía flotar en una masa de caricias frescas y dulces, de pronto volvió, lo golpeó con más fuerza que antes y dio un grito desgarrador, el dolor había vuelto..."buena señal" se dijo así mismo y escogió quedarse un momento más mientras el agua hacia su trabajo. De su pequeña bolsa de cuero sacó otra pequeña bolsa, gastada y roída parecía tan poca cosa que el contenido no le hubiese importado a nadie que juzgase por la apariencia. Abrió la pequeña bolsa y sacó un pequeño cilindro de marfil, lo abrió y dejó entrar una pequeña cantidad de agua, mezcló el contenido y lo bebió en un solo tiro. El sabor amargo y ácido de la mezcla lo llevó al borde del vómito, sus heridas empezaron a doler de manera continua y creciente pero no se dejó caer en la inconsciencia, sabía que de cerrar los ojos lo más probable era que no los volviese a abrir. Pasaron dos horas y su agonía terminó, las heridas dejaron de sangrar y el dolor era ya un olvido, se puso de pie nuevamente y empezó a caminar hacia el norte, sabía que tarde o temprano tendría que cruzar la enorme puerta de la frontera, aunque ello significase pelear una vez más, quizás por última vez.

Acercarse a la puerta norte no fue tarea fácil, tuvo que caminar varios días y cazar sin ser visto, al mismo tiempo las noches empezaron a volverse heladas y no podía arriesgarse a mantener encendida una fogata por temor a ser descubierto ya que aún no estaba en condiciones para pelear. Lo que hacía era encender la fogata desde que el sol pasaba el mediodía y dejaba unas piedras grandes en el fuego para luego salir a cazar. Al regresar con alguna liebre o pato silvestre lo limpiaba con rapidez y empezaba a cocinar. Apenas el sol empezaba a ponerse apagaba el fuego y con mucho cuidado retiraba esas grandes piedras, las colocaba formando un rectángulo para cubrirlo con hojas verdes y pieles, así mantenía el calor y al llegar la noche dormía sobre ellas y se cubría para poder soportar las bajas temperaturas. Se levantaba antes del amanecer para seguir su viaje aprovechando la niebla y así logró llegar a la puerta norte.

Ahora con su cuerpo totalmente recuperado, sentía confianza en poder cruzar la puerta peleando pero no tenía la certeza de que esperar una vez que la cruce, sentía una extraña ansiedad, sabía que cruzarla era la única opción que le quedaba para ser libre, necesitaba alejarse de esta tierra y dejar atrás sus fantasmas, sus heridas y su recuerdo.

Llegó a la puerta y hubiese querido equivocarse pero siempre estuvo en lo correcto, no sería capaz de cruzar fácilmente. Por lo menos 30 siluetas oscuras lo esperaban ansiosas de abrirle heridas, nuevas y viejas.

"¡¿Quieren mi carne?!....aquí la tienen, ¡¿quieren mi sangre?!, bébanla, pero no se engañen que solo unos pocos de ustedes podrán vivir para lograrlo pero ninguno vivirá lo suficiente para detenerme!

De pronto una voz de mujer es escuchó a lo lejos, las siluetas abrieron paso y la dueña de la voz se puso al frente.

¡Regresa, no podrás cruzar esta puerta, tan solo vuelve y olvídate de cruzar que bien sabes que no podrás!

Sintió un delgada hoja de metal atravesando su pecho dejando un vacío en su carne, conocía esa voz, sabía de quien era y su mano izquierda buscó rápidamente la cicatriz en su pecho que parecía estaba a punto de volverse a abrir, esa misma voz le había abierto el pecho una vez. A pesar de todas sus batallas, de todas sus cicatrices y la rudeza de su ser, sintió miedo pero presionando su cicatriz con la mano izquierda buscó coraje y empezó a caminar con dirección a la puerta.

"Lo siento pero esta vez no seré yo quien termine con el pecho abierto"

Al final del día, al pie de la puerta, el suelo estaba teñido de rojo, los cuerpos apilados uno sobre otro solo servían para ilustrar lo cruenta de la batalla, se escuchaban algunos gemidos de dolor pero él finalmente estaba a punto de cruzar la puerta. Ella estaba al otro lado, esperando para darle el golpe final, solo uno bastaría para acabarlo. Él era consciente de que no tendría la fuerza suficiente para soportarlo, tampoco podría esquivarlo, estaba agotado, solo quería cruzar  y ser libre, no importaba como pero necesitaba cruzar, era algo que se había prometido así mismo.
En pocos instantes ya estaban cerca el uno del otro y ella tomó impulso, llevaba su mano izquierda con los dedos estirados por completo y apretados como simulando una cuchilla, aceleró de manera increíble y él supo en ese instante que hacer. Desenvaino a la velocidad del pensamiento y el choque solo ocasionó un sonido seco.

En el último segundo supo que hacer, soltó su espada y abrió los brazos la miro a los ojos y sonrió.

Ella tenía la mano izquierda dentro de su pecho, exactamente donde estaba la cicatriz que antes ya le había dejado como recuerdo, sus dedos habían destrozado piel, músculos y huesos llegando hasta el corazón que aún latía débilmente. Él la abrazó y le murmuró algo al oído, ella abrió los ojos como espantada y gruesas lágrimas empezaron a caer, sacó su mano y él se desplomó en el acto.
-¿Por qué?, ya habías visto mi movimiento antes, ¿por qué no lo esquivaste?, tenías la ventaja...¿por qué?
-Este reino que una vez fue nuestro, ya no es mío, no puedo seguir aquí, desde el día en que me dejaste esta cicatriz lo entendí, necesito dejarlo atrás, necesito cruzar la puerta norte- empezó a toser y la sangre en su boca empezó a ahogarlo- ayúdame a cruzar...

Ella lo ayudó a incorporarse y lo ayudó a cruzar.

-Se que no puedes venir conmigo, tienes tus propios demonios con los que lidiar pero cuando estés lista, yo estaré esperando.

Se llevó la mano al pecho y la empapó en su propia sangre, la miró y dio un par de pasos hacia ella, abrió sus ropas y desnudó los pechos que tantas veces habían sido suyos, sonrió y le dejó la impresión de la silueta de su mano ensangrentada.

Ella dejó de llorar y entendió.

Él caminó libre, no se sabe por cuanto tiempo hasta que cayó en un campo lleno de manzanillas, por fin era libre, no se sabe si murió, no se sabe si ella llegó pero por fin era libre.

"Si así debe de ser...que así sea...amén"

Cerró los ojos y se sintió en paz.