Aún cuando quiero recordar el momento exacto en el que te hablé, no lo puedo hacer, siento un poco de remordimiento al no poder traer a mi mente ese primer momento. Me resulta extraño porque ahora que estás delante de mi a unos pasos, intento forzar mi memoria y eso ha hecho que me retrase otros algunos pasos. Lo que sí puedo recordar es que a pesar de lo poco que dijimos dentro de esas cuatro paredes, fue mucho lo que pude deducir, tanto por tu forma de hablar como por las gesticulaciones tan diversas que hacías. Era gracioso escucharte hablar con tanto ánimo sobre cosas tan pequeñas como el plan académico de cada una de nuestras casas de estudio. En ese momento hiciste algo que me obligó a invocar esa muralla que no había usado en algún tiempo, sonreíste. En ese mismo momento opté por el silencio. Al siguiente momento hiciste algo que me obligó a reforzar esa muralla instantánea, volviste a sonreír.
Los meses pasaron y mi silencio se hizo palpable (al menos eso me confesaste ese sábado), era parte de mi plan maestro para no correr ningún riesgo, para lograr mantener el centro de mi pequeño mundo.
Sin embargo (siempre hay un pero o en este caso un sin embargo) las cosas no resultaron como esperaba, creo que los meses y las situaciones tan diversas, así como los caminos tan diferentes que recorrimos nos dejaron algo bien claro, las cosas no salen como uno espera. Y con todo eso fue que de pronto tuvimos ese otro momento en el que conversar fue tan fluido como si lo hubiésemos venido haciendo en todos estos meses de silencio, tan tranquilo, tan repentino, tan espontáneo, tan loco (no te sientas aludida).
Ahora caminas unos pasos delante de mi y volteas a preguntarme si sucede algo.
Entonces veo lo que sucede, llevas una pequeña espina, no la ves, la sientes y la tocas intentando forzar la salida, no te das cuenta que mientras más la toques más se hunde en tu pecho, no te das cuenta que a pesar que sonríes llevas una lágrima en tu rostro. Esa espina saldrá sola, tu sonrisa volverá a estar limpia y esa lágrima solo será un recuerdo, solo dale tiempo. Mientras tanto solo camina, caminemos, quien sabe a lo mejor algo emocionante nos espere al cruzar la puerta norte. Mientras tanto te seguiré diciendo que llevas en tu sonrisa un poder muy grande, que llevas en tus manos un río de agua clara y en tu mirada una Luz tan intensa que me obligas a apartar mis ojos de los tuyos. Mientras tanto seguiré intentando explicarte el misterio que envuelven las notas tan diversas de tu ser, mientras tanto seguiré intentando entender el secreto del sonido de tu risa, mientras tanto seguiré solo caminando, solo caminando.
Así entonces, cuando esa espina abandone tu pecho las calles que aún sufren la ausencia de la plenitud de tu alegría volverán a danzar con tu andar, los pequeños detalles de aquellas palabras sin decir se volverán tan claros como el cristal y la Luz de tu mirada espantará las sombras.
Aún esperas la respuesta a tu pregunta sobre si sucede algo.
Entonces con toda la esperanza y fe que tengo en tu ser, en esa partitura tan diversa y enrevesada, llena de notas extrañas y maravillosas, con toda la esperanza y fe que tengo en tu sinfonía solo puedo atinar a responder con un abrazo temeroso:
-No, no pasa nada, vas a estar bien, vas a ver.
Das media vuelta y sigues hablándome sin reparar en que en esos pocos segundos, en esos algunos pasos que llevo de retraso me he dado cuenta que eres tan desesperante como dulce y que solo espero que puedas darte cuenta que ya no hay murallas y pronto logres devolverme esa sonrisa que me regalaste sin yo pedírtelo para que la orquesta de tu corazón ofrezca su más pura melodía.
Vas a estar bien, vas a ver.
como siempre una buena narrativa... se ve que tienes pasta de literato xDD saludos
ResponderEliminar