miércoles, 1 de septiembre de 2010

Invierno

Una de las estaciones que más que agrada es el invierno, creo que es la que más me gusta, sí, lo he decidido, el invierno es mi estación favorita. Es que no hay nada mejor que caminar mientras buscas mi brazo para sentir calor. Es cierto que muchos sienten que el invierno es algo que no debería existir, creo que son un poco injustos, si el invierno no llegase ¿cómo podrían esperar con tantas ansias la primavera?, aunque ahora que lo pienso, acá en esta Lima panza de rata, no existen las estaciones, solo existe el invierno o el verano. El invierno de Lima es cómplice, es amigo, te da una excusa para preguntarle: ¿tienes frío?, de responderte "sí", listo!, ahí lo tienes, despójate de tu casaca, de tu chaleco, de tu saco, de tu chompa y dásela, bríndale ese calor que el invierno le ha quitado. Ahhh...es que no lo habías pensado así ¿cierto?, pues va un punto a favor del invierno. 
Otro momento en el que  el  invierno es cómplice es en la cama, ¿qué..no me crees?, a ver pues, te explico. ¿Acaso nunca te ha sucedido que estás a su lado y de pronto sientes ese calor pegajoso que a uno de los dos los obliga a decir "hace calor, ponte más allá"?...ahhh ya ves, también te ha pasado PERO con el invierno encima no es así ¿cierto?, noooo, con el invierno a cuestas lo que más escuchas es "uy que frío hace, abrázame y sube el edredón", ya ves, otro punto más a favor del invierno. 


Es por diversas razones por las que me gusta el invierno, algunas relacionadas con las que te he contado arriba, otras son un poco más etéreas, por ejemplo, fue en invierno cuando algo tremendo empezó a florecer, algo que lejos de dejarse doblegar por el clima, supo abrirse paso y crecer. No puedo recordar cuando fue que en mi empezó a hacerlo pero sí recuerdo que fue en invierno, estaba en Miraflores, caminando solo, bajo una llovizna intensa, horrible, esa llovizna que es tan fina que la subestimas pero que con el paso de las horas moja pistas, se filtra en techos y provoca accidentes. Bajo es misma llovizna empecé a sentir calor, empecé a estirar mi mano para encontrarse con la tuya y sentir tus dedos fríos robarse mi calor, tal vez no lo sabías pero la fuente de ese calor eras tú, así que al fin y al cabo, ese calor no era mío, así que tan solo te lo estaba devolviendo. Lo mismo con mi sonrisa, tal vez creías que cuando me mirabas con esas largas pestañas yo sonreía por reflejo devolviéndote el gesto, tal vez no te diste cuenta que esa sonrisa no era mía, esa sonrisa era tu consecuencia, eras tú la culpable, así que en realidad esa sonrisa, era tuya. 


Fue en invierno cuando aprendí a caminar solo pero en tu compañía, fue en invierno cuando me atreví a decirte esas 5 letras en dos palabras que hicieron te espantases al punto de enojarte por haberme atrevido a lanzar el conjuro, fue en invierno cuando no te fuiste al irte y te quedaste a mi lado.


Ahora el invierno lo siento más frío, lo siento más implacable, es más, estoy enfermo, me duele la garganta, el pecho, tengo la nariz hecha un río y mis ojos totalmente enrojecidos, el invierno me está castigando. Me castiga por haber dejado ir mi verano, me castiga porque lo he condenado a sentirse solo, a sentir frío. Ya no me sonríe como cómplice, me trata duramente como un juez, me tiene en penitencia, no se si podré soportarla, no se si mi cuerpo podrá soportar, es más siento que me duele el corazón como si me hubiesen mordido.




Hoy que es un día tan gris como el que llevo dentro, no puedo hacer otra cosa más que soplar entre mis manos buscando calentarlas un poco. Lamentablemente, tengo que confesar que hasta mi aliento está frío, gélido, ¿será acaso que de a pocos y con frío, me estoy muriendo?. Quiero creer que no, porque si lo que una vez floreció en invierno llega a morir, no habrá nada para cuando vuelva a sentir el calor de tu primavera, aunque siendo sinceros, tú siempre has sido un verano.

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